Número 7
Explorar la lengua
Ningún animal llega tan desprovisto como el hablante para vérselas con el mundo y con sus necesidades. Llegamos tarde a nosotros mismos. Necesitamos relatos, nombres y ficciones para orientarnos. La lengua es, quizás, el órgano más extraño que hemos desarrollado.
En este número aparecen lenguas que se mezclan, se confunden y se desterritorializan. La infancia descubre que la lengua del otro también puede ser propia y que lo propio, quizás, siempre conserve algo de extranjería.
Quiénes somos
Es difícil poder decirlo.
Y para no caer bajo adjetivos elegimos cuatro verbos:
contar-partir-continuar-ensayar
cuentos-poesías-novelas-ensayos
¿se trata de escribir? ¿de leer? ¿de qué nos lean?
Nos gusta pensar a Rinoceronte como un espacio, un lugar, en donde, como dice Roland Barthes, … las cartas no estén echadas sino que haya juego todavía.
No pretendemos textos sin sombras, desconfiamos de la enceguecedora claridad. Ni de vanguardia ni a la retaguardia, sólo el espacio que Rinoceronte propone.
Números
Y luego de la Embestida, nuestro rinoceronte se detiene un poco, hasta que se afirma y da un nuevo paso que invitamos a seguir…
Con el otoño viene el Número 2, cargado de vientos, exilios, otredades. Rinoceronte invita, por un rato, a compartir el viaje.
Escribir, leer, traducir… Quienes trabajan y teorizan en el campo de los problemas inherentes a la traducción, sitúan que todo traductor-lector debe tomar posición y resolver los impasses que genera lo “intraducible” entre una lengua y otra.
Pasó un año y aquí estamos.
Rinoceronte que sale de paseo encuentra con quienes beber en la noche, los que se acercan al pozo, estamos agradecidos por eso.
Han sido y son tiempos de guerra.
Cuando muere en la guerra un hombre, en la ciudad griega, los epitaphios dicen:
Honor y gloria a los caídos.
El graffiti es una escritura de lo efímero que interrumpe la superficie de la ciudad para abrirla a otros relatos. Como toda ficción, inventa un mundo posible: una protesta, un deseo, una memoria o una utopía.
En este número aparecen lenguas que se mezclan, se confunden y se desterritorializan. La infancia descubre que la lengua del otro también puede ser propia y que lo propio, quizás, siempre conserve algo de extranjería.